martes, 23 de marzo de 2010

El frente diplomático del general Petraeus


“El pueblo judío estaba construyendo Jerusalén hace tres mil años y el pueblo judío está construyendo Jerusalén hoy. Jerusalén no es un asentamiento, es nuestra capital.” Con esas palabras, pronunciadas anoche en la conferencia de Aipac (American Israel Public Affairs Committee), en Washington, el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, se declaró victorioso en la pulseada que sostuvo con Estados Unidos, desconociendo un horizonte de incertidumbres. 

Al hablar ante unas ocho mil personas en el mismo evento, la secretaria de Estado Hillary Clinton había insistido en la posición de Washington, contraria a que se amplíe la colonización de los territorios ocupados por parte de Israel, pues eso aleja aún más toda posibilidad de una paz negociada.

“El statu quo es insostenible por parte de ambos lados. Solo promete más violencia y aspiraciones truncas. Mantenerse en este curso significa continuar un conflicto con costos humanos trágicos”.

Aipac es la organización mayor del poderoso lobby pro israelí en Estados Unidos y durante décadas ha ejercido un poder sin contrapeso en muchas instituciones de ese país capaces de proyectarse políticamente. Nadie esperaba que la batalla retórica entre Washington y Tel Aviv se continuara en ese ámbito. Sin embargo, la moderación de Clinton no debería interpretarse como una retirada ordenada por parte de Estados Unidos.

Los reclamos que le hace Washington a su principal aliado en Medio Oriente no se basan en las posiciones personales de Barack Obama, quien considera que su país ha bailado demasiado tiempo con la música de Tel Aviv, con magros resultados. Tampoco son el efecto de una opinión pública proclive a revisar las relaciones estratégicas de Estados Unidos con Israel. Por ejemplo, según la organización judía J Street el 60% de los judíos estadounidenses considera que el anuncio de la construcción de 1.600 viviendas en Jerusalén Este lesiona la relación de Estados Unidos con Israel. De los encuestados, solo el 10% considera que Israel es el asunto más importante a la hora de tomar posición en las elecciones legislativas de Estados Unidos y apenas el 2% cree que Irán es el tema más importante. Los judíos estadounidenses siguen siendo mayoritariamente simpatizantes del Partido Demócrata, contra lo que suele creerse muchas veces. No tengo datos a mano pero creo que eso es ha sido así desde que existen estudios de opinión pública. 

En verdad, lo más interesante en toda esta historia es que el aparente cambio de rumbo de la política de Washington hacia Medio Oriente es responsabilidad principal de David Petraeus, un general de cuatro estrellas con aspiraciones presidenciales que parece haber advertido vientos de pragmatismo. Petraeus es comandante del Centcom (United States Central Command), aquella parte de la policía global que se concentra en 20 naciones de Asia central, Africa y Oriente Medio, incluyendo a Irak, Afganistán e Irán, lo que lo hace el general más poderoso de Estados Unidos (y el que tiene más problemas para resolver).

 

En declaraciones realizadas en abril de 2009 Petraeus afirmó: “Las extendidas hostilidades entre Israel y algunos de sus vecinos presentan particulares desafíos a nuestra habilidad para promover nuestros intereses en la AOR (área de responsabilidad). Las tensiones israelo-palestinas con frecuencia detonan la violencia y confrontaciones armadas a gran escala. El conflicto fomenta el sentimiento anti americano, obedeciendo a una percepción de que Israel goza del favoritismo de Estados Unidos. El malestar árabe con respecto al asunto palestino limita la fortaleza y la profundidad de las alianzas con gobiernos y pueblos de la AOR y debilita la legitimidad de los regímenes moderados del mundo árabe. Mientras tanto, Al Qaeda y otros grupos explotan ese malestar para movilizar apoyos. El conflicto también le da influencia a Irán en el mundo árabe mediante sus clientes, el libanés Hezbolá y Hamas.” (traducción mía)

En enero pasado el general Petraeus envió una delegación de oficiales a presentarle un informe al almirante Mullen, jefe del Estado Mayor Conjunto, dando cuenta de una gira del jefe del Centcom por los países árabes con sombrías conclusiones, pues sus líderes verían a Estados Unidos como débil y además habrían perdido la fe en sus promesas. La intransigencia israelí -habría dicho Petraeus, según fuentes militares- pone en riesgo la seguridad de las tropas estadounidenses en la región y el propio Mitchell (enviado especial de Obama a Oriente Medio) llega “demasiado viejo, demasiado lento…y demasiado tarde”. 

 

Dos días después de esa reunión, según Foreign Policy, el lobby militar -capaz de arrollar a cualquier otro que se le oponga- dio un nuevo paso. Petraeus envió un documento directamente a la Casa Blanca solicitando que Cisjordania y Gaza fueran puestos bajo su área de operaciones, lo que le permitiría accionar en el conflicto y, a su juicio, recuperar la legitimidad perdida ante los líderes árabes. Eso captó completamente la atención de Barack Obama, que aunque no se molestó en responder al pedido, envió al almirante Mullen a Tel Aviv para decirle a su par israelí que de ahora en más Washington posicionaría el conflicto palestino-israelí de acuerdo con una visión más amplia, de carácter regional, que respondiera mejor a sus intereses. Israel no tomó en serio ese anuncio y decidió responder con otro mayor, la construcción de 1.600 viviendas en Jerusalén Este, realizado durante la visita a Tel Aviv del vicepresidente Biden, que fue recibido por este como una torta en la cara. 

Los enfrentamientos verbales entre Estados Unidos e Israel parecen haber llegado a su fin y para dar fe de que todo ha vuelto a la normalidad el enviado especial Mitchell visitará a Mahmoud Abbas, el primer ministro de Palestina. En la calle, los palestinos se enfrentan a la policía israelí en protesta por el empuje colonizador de Israel, a influjo de los influyentes partidos de ultra derecha. Ya se habla de una nueva Intifada en Cisjordania, lo que mantendría el tema en las tapas de los diarios y, sobre todo, en el interés de la opinión pública árabe, pero ni aun los peores fantasmas convencerán a los líderes ultraortodoxos que manejan el destino de Israel de moderar sus ambiciones.

El columnista del New York Times Thomas L. Friedman escribió el 13 de marzo que antes de partir de Tel Aviv Joe Biden debió haber dejado la siguiente nota: “Mensaje de Estados Unidos al gobierno israelí: Los amigos no dejan que sus amigos manejen borrachos”. 

 Foto: Jerusalén Este. 

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada