
Durante medio siglo nuestros ojos y oídos han estado atentos a cualquier señal proveniente de otro mundo. Pero el sueño de semejante encuentro también se alimentaba de la posibilidad de ser descubiertos por civilizaciones tecnológicas de otros rincones de la galaxia que captaran nuestras señales de radio y televisión. Ya no.
“El problema es que hoy en día estamos emitiendo con mucha más eficiencia y eso nos hace cada vez más imperceptibles”, asegura Drake. Este científico de 80 años, que ha dedicado su carrera a la búsqueda de vida inteligente muy lejos de su domicilio, siente nostalgia por las estaciones terrenas que emitían las antiguas series televisivas con una potencia de miles de watts. Actualmente dependemos en gran medida de austeros satélites que emiten con no más de 75 watts y, para peor, apuntando a la Tierra. A juicio de Drake, en unos pocos años más, si una estación de rastreo alienígena apunta sus antenas hacia nuestro planeta desde lo profundo de la galaxia, la conclusión será que aquí no hay nadie.
Los astrobiólogos suelen dar como un hecho que cualquier especie inteligente busca señales de radio, televisión y radar como evidencia de vida. Las emisiones de radio y televisión han creado algo así como una ola electromagnética que navega por nuestra galaxia a la velocidad de la luz y eso nos daría alguna chance de que otra especie inteligente conozca nuestra existencia. No hay de qué avergonzarse; los extraterrestres no podrían sintonizar “El show de don Francisco” ni los programas matinales uruguayos. En el mejor de los casos sabrían que “alguien” emitió esas señales. También podría suceder que en tanto estemos en distintas etapas de desarrollo tecnológico, ni ellos ni nosotros podamos distinguir nuestras respectivas señales. Los propios equipos en uso hace dos o tres décadas no percibirían más que ruido si hubieran recibido señales como las que nosotros mismos emitimos hoy en día. Por eso los mensajes que se envían al espacio exterior tipo “¡Hola! ¿Estamos acá!” (también enviado a los mozos, sobre todo los sábados de noche) tienden a ser simples y representar números, en secuencias tales como 2, 4, 6…de forma que se sepa que tenemos 1º aprobado.
Más allá del Sistema Solar la detección de señales de banda ancha como las de radio AM y FM, o de televisión, se haría en extremo difícil aun con tecnologías que ni soñamos tener. En cambio, las señales de banda angosta o las de laser viajarían con buena salud unos miles de años luz si se utiliza una gran potencia de trasmisión.
SETI y otros organismos desarrollan programas que consisten básicamente en establecer “faros” que nos den visibilidad e intentar, a su vez, detectar posibles faros de radio u ópticos que nos envíen señales de otros planetas.
El sentido de esa búsqueda pocas veces es tema de conversación, pero como siempre, seguramente no es el mismo para una maestra de preescolares que para el presidente de una multinacional.
Los avances científicos y tecnológicos de nuestra especie en los últimos 25 años nos permitieron, en materia de astrofísica, asomar la nariz al espacio profundo. También descubrimos en pocos años centenares de planetas fuera de nuestro sistema solar, reforzando en la comunidad científica la convicción de que en nuestra galaxia hay innumerables planetas con condiciones para la vida, aun con una concepción de la misma similar a la nuestra.
En ese caso, tiene sentido pensar que unos cuántos de esos mundos estaban enviando señales a todos los rincones de la galaxia cuando nosotros coleteábamos desesperadamente por salir del pantano. Se calcula que en un radio de 50.000 años luz hay al menos 200 mil millones de estrellas y, como bien creía Giordano Bruno aun antes que Newton, una estrella bien puede ser la piedra fundamental de un sistema planetario. El Universo tiene 14 mil millones de años, por tanto no suena muy disparatado pensar que…digamos, hace apenas 50 mil años, cuando los primeros humanos echaron a andar, había mundos emitiendo señales en nuestra dirección. Entonces, ¿por qué no recibimos ninguna señal de otra especie hasta ahora?
Casi al final de su vida, Carl Sagan, astrónomo y autor de “Contacto”, admitió con cierta pesadumbre que a la luz de nuestros avances había que considerar la posibilidad de que estuviéramos solos en el Universo. Tal vez sea así, pero me entusiasma más otra de sus reflexiones: “La imaginación nos llevará frecuentemente a mundos que jamás existieron. Pero sin ella no iremos a ningún lado”.
Foto: La Tierra (Cortesía NASA/JPL-Caltech)
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