
Durante una cena celebrada recientemente en Ohio, Estados Unidos, en beneficio del Partido Republicano, dos de sus dirigentes, sintiéndose entre íntimos, contaron unos cuantos chistes sobre Barack Obama sin sospechar que alguien los estaba grabando. Los chistes insistían en poner en duda la nacionalidad del presidente estadounidense e incluso su condición de abogado y alguno hacía referencia al hecho de que sea negro, todas cosas que integran el discurso republicano a la hora de pretender descalificar a Obama. No les encontré ninguna gracia; tienen poco ingenio y destilan rabia, ingrediente que por sí solo no crea humor. Pero me hicieron recordar algo más interesante.
Durante la guerra fría hubo algunas agencias de espionaje que se destacaron especialmente por su eficiencia, entre ellas
Aunque jamás tuvieron la fama y el prestigio de sus adversarios, el servicio secreto de Alemania Federal, BND, eran activo en
“¿Qué pasaría si el desierto se volviera comunista? Al principio nada, pero después habría escasez de arena”, dice uno de los chistes recogidos por la revista alemana Spiegel en una nota de Hans-Ulrich Stoldt y Klaus Wiegrefe.
“
“Los chistes políticos prosperan en las dictaduras”, dice Christoph Kleeman, ex funcionario de
Erich Honecker, presidente de
En los años 50 y 60 los alemanes orientales podían ser arrestados por hacer chistes políticos sobre el régimen. Spiegel nos da un ejemplo de “cómo ese riesgo también fue satirizado por los alemanes orientales: ‘Hay gente que cuenta chistes. Hay gente que colecciona chistes y cuenta chistes. Y también hay gente que colecciona gente que hace chistes.”
El BND rió último, pero las memorias que me interesa leer son las de Markus Wolf, el jefe más célebre de
Foto: El muro de Berlín en 1961.
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