sábado, 20 de marzo de 2010

Reír en la sombra



Durante una cena celebrada recientemente en Ohio, Estados Unidos, en beneficio del Partido Republicano, dos de sus dirigentes, sintiéndose entre íntimos, contaron unos cuantos chistes sobre Barack Obama sin sospechar que alguien los estaba grabando. Los chistes insistían en poner en duda la nacionalidad del presidente estadounidense e incluso su condición de abogado y alguno hacía referencia al hecho de que sea negro, todas cosas que integran el discurso republicano a la hora de pretender descalificar a Obama. No les encontré ninguna gracia; tienen poco ingenio y destilan rabia, ingrediente que por sí solo no crea humor. Pero me hicieron recordar algo más interesante. 

Durante la guerra fría hubo algunas agencias de espionaje que se destacaron especialmente por su eficiencia, entre ellas la Stasi, de la República Democrática Alemana (RDA). Sus agentes tuvieron gran éxito infiltrando diversas instituciones de “la otra” Alemania, al punto de que uno de ellos jugó un papel destacado como asistente del canciller Willy Brandt, provocando su caída.

Aunque jamás tuvieron la fama y el prestigio de sus adversarios, el servicio secreto de Alemania Federal, BND, eran activo en la RDA. Parte del trabajo de sus agentes era recolectar chistes relativos al régimen comunista, con la finalidad de reflejar el estado de ánimo de la población y conocer la opinión general acerca de ciertos temas. Esos informes eran esperados con expectativa por el personal del BND al otro lado del muro de Berlín, ansiosos de reírse del régimen que tanto los opacaba.

“¿Qué pasaría si el desierto se volviera comunista? Al principio nada, pero después habría escasez de arena”, dice uno de los chistes recogidos por la revista alemana Spiegel en una nota de Hans-Ulrich Stoldt y Klaus Wiegrefe.

La Navidad se canceló. María no consiguió pañales para el niño Jesús, José fue llamado por el Ejército y los reyes magos no consiguieron un permiso de viaje.”

“Los chistes políticos prosperan en las dictaduras”, dice Christoph Kleeman, ex funcionario de la Birthler Authority, que administró los archivos de la Stasi después de la unificación alemana. “Cualquiera que haga uno o se ría de uno crea democracia por un breve momento y pone a los líderes del régimen en su nivel más bajo.”

Erich Honecker, presidente de la RDA durante 18 años, es objeto de al menos dos chistes en la película La vida de los otros.

En los años 50 y 60 los alemanes orientales podían ser arrestados por hacer chistes políticos sobre el régimen. Spiegel nos da un ejemplo de “cómo ese riesgo también fue satirizado por los alemanes orientales: ‘Hay gente que cuenta chistes. Hay gente que colecciona chistes y cuenta chistes. Y también hay gente que colecciona gente que hace chistes.” 

El BND rió último, pero las memorias que me interesa leer son las de Markus Wolf, el jefe más célebre de la Stasi.

Foto: El muro de Berlín en 1961. 

 

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