Dice Aitana, hija del poeta Rafael Alberti, en referencia a las cartas de su padre: “La primera, dirigida, como todas, a mi madre y a mí, data de octubre de 1941. Yo tenía apenas dos meses de nacida y él iba en un barco remontando el Paraná, uno de los padres ríos de América, para ´ganar dinero para sus niñas´. Viaje en soledad, ´harto de conferencias y de una separación tan larga´; angustia por una muy precaria situación económica en la tierra que había dado cobijo a miles de refugiados españoles, esa Argentina granero del mundo, con una capital inmensa tendida como una mano abierta al borde del Mar de Solís o Río de la Plata.”
Por el Río Paraná. Septiembre de 1941
Queridísimas niñas:
Es horrible viajar solo y más en un barco tan bonito y por un río como este. He dormido muy bien, con bastante cansancio, acordándome mucho de las dos. Me desperté a las cinco, pensando en la ovejita de Aitana. Se me achica el corazón cuando pienso en ella y la veo reírse. ¡Qué maravilla! Quisiera sólo escribir para ella en este viaje. Pero tengo que revisar estas malditas conferencias y escribir el artículo. Mas a pesar de esto, no pierdo la esperanza de dedicarle alguna cancioncita.
Ahora son las ocho y vamos camino de Rosario. Allí, si puedo, echaré esta carta. Hace más bien frío. Cuando Aitanita crezca un poco y de oveja pase a ternera, remontaremos juntos estos ríos. Son muy hermosos y los barcos llenos de comodidades. Cuida a esa niña mucho, cuídala solo como tú lo sabes hacer, mi hija. Es lo único que tenemos y hay que defenderlo más que si fuera Moscú.
¿Escribiste a Saralegui? ¿Se arregla nuestra entrada en Uruguay?
Cuando des a Losada, o a Guillermo, el libro Poesía, pídele que lo haga pronto. Necesitamos que nuestra niña tenga de todo y sea la mejor cuidada del mundo. Cómprale, con esos pesos que andan por ahí, más trajecitos de colores para que este verano la miren los benteveos. Ala Tusca también habrá que regalarle algo. Un nuevo collar, verde o amarillo.
Creo que estaré de vuelta para el 29, lo más tardar el 30. Estoy seguro. Ya escribiré, pondré telegramas y llamaré por teléfono. Ten cuidado con el frío, con el balcón y esa horrible chimenea que llena de hollín la cara de Aitanita.
Adiós, mi vida, mis niñas preciosas. Besos, besos y miles de abrazos
Rafael
Es horrible viajar solo y más en un barco tan bonito y por un río como este. He dormido muy bien, con bastante cansancio, acordándome mucho de las dos. Me desperté a las cinco, pensando en la ovejita de Aitana. Se me achica el corazón cuando pienso en ella y la veo reírse. ¡Qué maravilla! Quisiera sólo escribir para ella en este viaje. Pero tengo que revisar estas malditas conferencias y escribir el artículo. Mas a pesar de esto, no pierdo la esperanza de dedicarle alguna cancioncita.
Ahora son las ocho y vamos camino de Rosario. Allí, si puedo, echaré esta carta. Hace más bien frío. Cuando Aitanita crezca un poco y de oveja pase a ternera, remontaremos juntos estos ríos. Son muy hermosos y los barcos llenos de comodidades. Cuida a esa niña mucho, cuídala solo como tú lo sabes hacer, mi hija. Es lo único que tenemos y hay que defenderlo más que si fuera Moscú.
¿Escribiste a Saralegui? ¿Se arregla nuestra entrada en Uruguay?
Cuando des a Losada, o a Guillermo, el libro Poesía, pídele que lo haga pronto. Necesitamos que nuestra niña tenga de todo y sea la mejor cuidada del mundo. Cómprale, con esos pesos que andan por ahí, más trajecitos de colores para que este verano la miren los benteveos. A
Creo que estaré de vuelta para el 29, lo más tardar el 30. Estoy seguro. Ya escribiré, pondré telegramas y llamaré por teléfono. Ten cuidado con el frío, con el balcón y esa horrible chimenea que llena de hollín la cara de Aitanita.
Adiós, mi vida, mis niñas preciosas. Besos, besos y miles de abrazos
Rafael

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