Aquellos que a esta altura del siglo estén, como yo, luchando por cobrar salarios y haberes impagos, comprenderán mi devoción a la noble causa de buscar un laburo decente. Por las mismas razones he desarrollado una cierta fobia a algunas empresas republicanas, con lo cual mi peregrinaje laboral me ha llevado, casi en línea recta, al sitio web de la monarquía británica, que ofrece excelentes oportunidades de empleo.
Mi estrategia inicial fue acechar en la web, con la esperanza de que la familia real tuviera necesidades que pudieran ser satisfechas mediante algún ítem de mi variopinto currículum, pero en tanto pasaron los meses sin que Su Majestad requiriera los servicios de un inseminador artificial, un redactor creativo o un cultivador de rúcula senior, comencé a preocuparme. Fue entonces que decidí reciclarme laboralmente, no como respuesta a una voz interior o a un coro griego fumado, como tantas veces, sino como estrategia para responder a la demanda de ese noble mercado. No bien apareció un aviso ofreciendo el puesto de lacayo de librea para los reales establos del Palacio de Buckingham (Salario inicial: £17,169.66 anuales), cuya misión era apenas cuidar primorosamente de los caballos, bañarlos y mantener los arreos en buenas condiciones, salí corriendo a alquilar un frac colorado. Me puse el pantalón por dentro de las botas de caña alta y una gorra de Bella Vista, y salí a la puerta de calle a juntar bosta a paladas, porque vivo en Montevideo, Uruguay. Más tarde completé mi capacitación apretando un par de cinchas y finalmente bañé, cepillé y perfumé un petiso bayo que estaba en los huesos y volví a mi workstation a completar la solicitud: Sí, tengo experiencia en el cargo y estoy capacitado para conducir carruajes o cabalgar en ceremonias de Estado, y cuando eso se combine con mi flexible y proactiva actitud hacia el trabajo, hasta Su Majestad la Reina relinchará de satisfacción.
Cuando me levanté de mi ibérica siesta ya tenía un email con un lacre en el que se leía “The British Monarchy”, anunciándome que mi solicitud había sido rechazada en beneficio de un palafrenero papuano que, “además”, era súbdito de la Reina. Qué coz, mi Dios, qué coz… Dolió de verdad, tanto que ni quise saber de dónde son los papuanos. Para peor, yo somatizo con una eficiencia tal que en minutos me apareció en la frente una marca rojiza con forma de herradura.
Superada la bronca, no dejaba de pensar que Uruguay rechazó dos veces las invasiones inglesas sin advertir que eran oportunidades de oro para luego prenderse ala Commonwealth con uñas y dientes. Pero no se crean que perdí la ilusión. Aunque el Gallo Charles viene con menos ofertas de empleo que antes, mi autoestima se ha recuperado con creces. He decidido pasar por alto los empleos veraniegos, como el de guardia para el castillo de Windsor (supe de buena fuente que una espada de dos manos pesa 11 kilos), y apuntar más alto. Ahora voy por el cargo de Real Embalsamador en Jefe. Ya puedo oler el formol.
Superada la bronca, no dejaba de pensar que Uruguay rechazó dos veces las invasiones inglesas sin advertir que eran oportunidades de oro para luego prenderse a
Foto: La cotidianeidad de Isabel II.

jaja,morí !!
ResponderSuprimirEn busca de un empleo serio , honesto y permanente ?? "Vidente con experiencia en trabajo telefónico. Se ofrece sueldo fijo y estabilidad laboral"(Gallito Luis, dom 4 de abril)