lunes, 30 de agosto de 2010

Darwin y los perros de Moscú



En los últimos 150 años la ciudad de Moscú ha sido testigo del nacimiento de Chejov y la caída de Nicolás III, la revolución bolchevique y el desfile de la victoria en la Gran Guerra  Patria, el entierro de Gagarin, la apertura de Tiffany y, el 3 de setiembre, el concierto de Tori Amos en el Crocus City Hall, donde me gustaría ocupar una butaca de 200 euros. Durante todo este tiempo los moscovitas han compartido su ciudad con miles y miles de perros callejeros que aprovecharon la relativa estabilidad de su hábitat para adaptarse y mejorar su posición en la carrera evolutiva. Algunos de ellos incluso aprendieron a viajar en el metro moscovita.
 

Koni, una Labrador de Vladimir Putin, fue durante unos cuántos años la primera perra de la Federación Rusa. Eso le dio la oportunidad de lucirse ante la prensa, ya fuera porque intimidó a la alemana Angela Merkel (“si a Koni le desagrada alguien, yo lo tomo como un buen consejo”, habría dicho su amo, según RussianDog.net) o porque en alguna ocasión se comió todos los saladitos oficiales. El presidente Medvedev, a quien no le gustan los perros, se compró cuatro chichos para poder desplazar a Koni, con quien disputó el costado de la opinión pública (el centro es definitivamente de Putin). 

Mucho antes que ellos el georgiano Stalin tuvo una perra famosa llamada Beria, digo Sobaka Stalina, una Terrier Ruso negra, raza desarrollada por el Ejército soviético. Dudo que Stalina se comiera los saladitos, teniendo la posibilidad de comerse a los miembros más destacados del Comité Central. Como fuera, los perros del Kremlin están en una posición de privilegio y los medios hacen cola para festejarles cualquier estupidez. Es distinto el caso de los perros callejeros, mestizos que se pasean desgarbadamente, con aspecto mugriento, en cantidad de 35 mil, por una ciudad en la cual no llaman la atención de nadie, o casi nadie.



Trabajos perros

En los años 80 los canes de Moscú despertaron el interés de Andrei Poyarkov, un biólogo especializado en lobos que trabaja en el Instituto Severtsov de  Ecología y Evolución. Poyarkov advirtió que esos perros son capaces de aprender a cruzar la calle con semáforos e incluso tomar el metro y bajarse en una estación predeterminada. Por su organización social y sus distintas estrategias de sobrevivencia, los clasificó en cuatro grupos.

Poyarkov denomina “perros guardianes” a aquellos que se sienten más cómodos entre la gente. Se los suele ver en los alrededores de edificios que cuentan con vigilancia exterior, donde se vinculan con los vigilantes, que no dudan en alimentarlos a cambio de una eficiente guardia perimetral que da la alarma ante la presencia de extraños.

Unos cuantos chichos moscovitas se dedican a la mendicidad y suelen pasar el día echados a la espera de que los transeúntes les tiren alimento. Conocen bastante la psicología humana e identifican rápidamente a aquellas personas de las cuales pueden obtener comida, a las que se acercan con cara de boludos y moviendo la cola. El gesto afectuoso es simulado -sugiere el biólogo- para obtener comida de los transeúntes.

En general las jaurías urbanas suelen ser lideradas por el perro más inteligente -no el más agresivo-, que en ocasiones también encabeza otras manadas, entre las cuales distribuye su tiempo.



Perro subterráneo

Un tercer grupo se dedica a revisar los contenedores de basura en busca de alimentos y también se hace cargo de los restos de comida que desechan los moscovitas en la calle. Esa categoría, casi inexistente en el período soviético, floreció en los últimos años. No me sorprendería saber que los canes estaban esperando a que en la Rusia capitalista se consolidara el proceso de acumulación de capital nacional y las calles de Moscú se llenaran de restos de Big Mac. 

En este grupo hay una minoría que destaca. Se trata de los “perros metro”, unos 500 canes que habitan algunas de las 170 estaciones de subterráneo que tiene Moscú. De ese grupo, unos 20 aprendieron a moverse en metro de una estación a otra, una habilidad que habría sido impulsada inicialmente por la necesidad de expandir el territorio. Aparentemente se guían por los intervalos de tiempo, los olores y las grabaciones con los nombres de las estaciones emitidas por parlantes.

El cuarto grupo de perros moscovitas corresponde a animales salvajes que obviamente no socializan con la gente. Viven en grandes parques o edificios abandonados y se alimentan de pequeños mamíferos. Tienen hábitos nocturnos y en lo posible eluden a los humanos, aunque cuando los encuentros tienen lugar se muestran agresivos.



Control biológico

Unos 35 mil perros deambulan por una ciudad de casi 11 millones de habitantes cuyas autoridades no están seguras de cómo encarar el problema. Actualmente consideran la erradicación total de los perros callejeros pero los biólogos advierten que con ello desaparecería una barrera de control biológico, pues los perros urbanos reducen la población de ratas y evitan el ingreso a Moscú de muchos animales portadores de enfermedades, incluyendo perros salvajes.

“Genéticamente los lobos (Canis lupus) y los perros (Canis lupus familiaris) son casi idénticos”, en tanto estos últimos son una subespecie de los primeros, pero la domesticación “modificó parámetros hormonales y conductuales a causa de la brutal selección natural, que eliminó muchos animales agresivos”, dijo Poyarkov en un reportaje de Susanne Sternthal, del Financial Times. Seguidamente el biólogo se refirió a los trabajos de su colega Dmitri Belyaev, quien en los años 50 investigó al zorro plateado. Belyaev estableció un centro en Novosibirsk donde criaba a los zorros, desarrollando una línea de cría a partir de los que demostraban menos temor a los humanos. Al cabo de unos 15 años los zorros de Belyaev “expresaban afecto a sus cuidadores, incluso lamiéndolos. Ladraban, tenían orejas caídas y meneaban la cola”. También se comprobó que su nivel de adrenalina había disminuido con respecto a los zorros salvajes. 

Andrei Poyarkov asegura que los perros moscovitas no solo no están en proceso de domesticación sino que hacen un recorrido inverso, alejándose paulatinamente de los perros falderos. Sin embargo, no piensan abandonar Moscú.

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