Científicos de la Max Planck Society, que nos ha inspirado algún otro post, hicieron un descubrimiento interesante. Resulta que mientras las larvas del gusano del tabaco (Manduca sexta) se alimentan, secretan una sustancia que provoca la emisión de volátiles por parte de la planta, con un aroma intenso que atrae a los predadores del gusano. El manduca termina manducado por otros insectos.
A nadie le llama la atención que una planta despida sustancias tóxicas o desarrolle espinas para defenderse, pero recursos como este -equivalente a llamar al matón del barrio para que se deshaga de un enemigo común- son un tanto intimidantes para los paranoicos, que comenzarán a ver en cada malvón a un potencial enemigo. Después de todo, una planta como la del tabaco es capaz de querer perjudicar a los fumadores. Yo con las plantas me llevo bien, pero lo de los perros moscovitas que toman el subte y saben dónde bajarse todavía me come la cabeza. También sé entrar a un vagón, pero me da más trabajo saber dónde tengo que bajarme.

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