lunes, 6 de septiembre de 2010

Tirame un beso


La mexicana María Grever compuso muchos boleros que se convirtieron en clásicos. Hoy, escuchando Cuando vuelva a tu lado, uno de los más populares, sentí, como otras veces, una cierta molestia ante el siguiente verso:

Une tu labio al mío
y estréchame en tus brazos
y escucha los latidos
de nuestro corazón.

Admito que dos amantes pueden tener un solo corazón. Ahora…¿puede una pareja sumar apenas dos labios? ¿Acaso los unilabiales constituyen una orgullosa minoría cuyos integrantes se enamoran entre sí? Mas bien parece que Grever pasó por alto las condiciones necesarias de un beso para ajustarse a la tan tirana métrica, porque se necesitan dos labios para besar, como bien sabían los antiguos romanos, que incluso consideraron al beso merecedor de tres denominaciones distintas según el vínculo de los involucrados: el osculum, que se daba en la mejilla, el basium, beso afectuoso que se daba en los labios, y el suavium, definitivamente erótico. La literatura recoge los tres tipos de beso desde el siglo II aC en adelante y, fuera de toda duda, osculum es el más nombrado, aunque probablemente suavium fuera el más esperado. Sin embargo, las lenguas románicas prefirieron el basium -al cual le asignaron mayor amplitud-, del cual deriva nuestro beso. Labio, en cambio, deriva del latín labium, cuyo plural referido a los labios de la boca es oral labia (pudendal labia, en cambio, refería a los labios de la vulva). Como fuera, Plauto ni hubiera hecho mención a los besos de no haber estado involucrados cuatro labios ni el poeta quilmeño Francisco Gorrindo hubiera compuesto el tango Las cuarenta, que comienza:

Con el pucho de la vida apretado entre los labios,
la mirada turbia y fría, un poco lerdo el andar…

Creo que si los humanos tuviéramos un solo labio Philip Morris apenas vendería tabaco para mascar y la teoría de Freud hubiera carecido de succión. Peor aún, ¿qué hubiera sido de Cinema Paradiso?

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