jueves, 30 de septiembre de 2010

Yuri Gagarin y las vueltas del mundo



Las mujeres de la villa de Klushino que trabajaban en los campos eran vistas por Yuri Gagarin como planetas "con sus propias órbitas, girando pero ¿alrededor de qué, quién y con qué propósito?", escribió el cosmonauta.
El soviético Yuri Alekseyevich Gagarin nació en 1934 y a los 29 años se convirtió en el primer humano en ver la Tierra desde el espacio, a bordo de la nave Vostok 1, en un vuelo de 108 minutos que hizo caer las quijadas de los norteamericanos, con Kennedy a la cabeza.
Yuri se casó con Valya y tuvieron dos hijas, Lena -experta en litografías inglesas y directora del Museo del Kremlin desde hace varios años- y Galya, empleada del Instituto de Economía Nacional.
En una de las salas del Planetario Municipal de Montevideo utilizada para un curso de astrofísica se amontonan viejos archivadores junto a dos balanzas en desuso -una daba el peso en la Luna y la otra en Marte- en las que se pesaron varias generaciones y un busto de Gagarin que supo estar en el hall de entrada. (Los organismos públicos uruguayos tienen que sortear dificultades a la hora de adquirir un bien, que quizá sean mucho mayores cuando se trata de desechar lo que ya no puede prestar ningún servicio. Tal vez sea por eso que se inflan de mobiliario, por ejemplo, que el sentido común estatal aconseja retener, en mal estado pero con los números de serie pintados, antes que emprender la misión de darles de baja en el inventario, epopeya que tiene lugar detrás de oscuros mostradores, en los intestinos de la burocracia.)  
El 27 de marzo de 1968 los pilotos de prueba Yuri Gagarin y Vladimir Seryogin murieron al estrellarse el Mig 15 que tripulaban durante un vuelo de rutina. A los funerales asistió casi tanta gente como a las celebraciones por la victoria en la Gran Guerra Patria, como llaman los rusos a la Segunda Guerra Mundial. Ambos fueron enterrados en el Kremlin. Al igual que con James Dean, hasta hoy hay técnicos y aficionados dedicados a investigar las causas del accidente. Sin embargo el museo dedicado a Gagarin, en su pueblo natal, recibe pocos visitantes, en su mayoría extranjeros. En sus mejores tiempos era visitado por 60 mil personas cada año. Porque Nikita Kruschev no tuvo que inventar un Gagarin para consumo masivo, tuvo la suerte de que lo encontraran así, como lo necesitaban, y lo suficientemente menudo como para entrar en la nave Vostok I. Padre y esposo ejemplar, hijo de campesinos y militante comunista, decían las crónicas oficiales. Quienes conocieron a Yuri hacen una sola corrección: su padre era carpintero.



El busto no es una joya de la escultura. El artista se esmeró demasiado en destacar la sonrisa del cosmonauta y a la hora de vaciar el molde no alcanzó el bronce para semejante dentadura. Quizá se trate de dos sonrisas: la de Gagarin, el divertido muchacho de Klushino, y la de una URSS que parecía a punto de arrollar al sistema capitalista como si se tratara de un salto evolutivo de la humanidad.
En 1993 Tamara Filatov, sobrina del cosmonauta, le dijo al periodista Andrew Higgins, del The Independent, que un efecto indeseado de la gagarinmanía fue que cada paciente psiquiátrico que deliraba encarnaba al mítico cosmonauta y alguno de ellos llegó a golpear a su puerta en mitad de la noche. Pero la figura de Gagarin ya no representa el dios que fue, aclaró Filatov. “Ahora quieren ser Jesús, el zar o Elvis Presley”.
Foto con Lena: Russian Archives Online 
 

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada