sábado, 30 de octubre de 2010

Néstor Kirchner 1950 - 2010 Los paraguas de Buenos Aires



Dos millones de personas alimentaron la cola de diez cuadras de largo que se internaba en la Casa Rosada, en cuyo Salón de los Patriotas Latinoamericanos fue velado Néstor Kirchner desde el 28 de octubre. En la tarde del 29 miles y miles de argentinos esperaron bajo lluvia el paso del cortejo fúnebre, sobre el cual lanzaban banderas, fotografías, crucifijos, cartas... La de besos que se llevó ese coche fúnebre, la de manos que se apoyaron con afecto en el auto en el cual viajaban los familiares… Al llegar a la 9 de Julio el cortejo pudo aumentar un poco la velocidad pero sorprendentemente las muchas personas que lo seguían comenzaron a correr detrás de los vehículos, como si no pudieran terminar de despedirse. Y muchos siguieron corriendo por la Avenida Libertador, cuando la caravana desaparecía rápidamente en dirección a Aeroparque. De principio a fin se vieron banderas uruguayas salpicando un mar de banderas argentinas. No sé si alguna vez hubo tanto dolor bajo tantos paraguas. No sé si alguna vez se vio a tantos jóvenes tan tristes.
Mientras tanto, en Wall Street los activos financieros argentinos se disparaban al conocerse la muerte del ex presidente, porque generalmente cuando las grandes mayorías sufren, los especuladores están de fiesta.
Reuters informó que en Londres los papeles del grupo Clarín, enemigo del gobierno, subieron 49,07%.
"´Para Argentina, desde una perspectiva de mercados, no hay nada mejor que saber que Kirchner no estará en la carrera presidencial el año próximo´”, declaró a Reuters “Roberto Sánchez Dahl, que maneja una cartera de 1.100 millones de dólares en deuda de mercados emergentes para Federated Investment Management.”
El riesgo país de Argentina no detenía su caída, en oposición al ánimo de los argentinos, que no ignoran los embates que deberá resistir la presidenta Cristina Fernández, tanto dentro del justicialismo como en el propio Poder Ejecutivo.
Néstor Kirchner asumió la Presidencia de Argentina en 2003, dos años después de que el país cesara el pago de su deuda soberana, de 102 mil millones de dólares, la mayor en la historia. Kirchner rechazó las presiones del FMI, que reclamaba austeridad y altas tasas de interés, e incluso convenció a ese organismo de que podría declarar el default total, medida que por entonces posiblemente hubiera tenido seguidores en el tercer mundo. Eso le permitió al gobierno argentino renegociar favorablemente 100 mil millones en deuda externa en 2005 y, sobre todo, golpeó duramente al FMI.
Cuando Néstor Kirchner le entregó el mando a Cristina Fernández, 11 millones de argentinos habían dejado de ser pobres y el país crecía con mejora del reparto de los ingresos, y continuó creciendo y repartiendo mejor. Las retenciones a la brutal renta del agro son ejemplo de ello, y la batalla que dio el gobierno de Fernández en su defensa fue una clara señal para la gente. La asignación familiar, que horrorizó a los enemigos del gobierno, fue otra señal.
Con más claridad se expresó un tipo que ayer de mañana estaba haciendo cola en la Rosada y fue entrevistado por Crónica TV: “Cuando Kirchner asumió estaba lleno de gente revolviendo la basura para comer. Esta semana estamos discutiendo el reparto de las ganancias de las empresas con los trabajadores”.
No voy a cerrar este post sin recordar que Néstor Kirchner fue el mayor enemigo de la impunidad en Argentina y sus convicciones en materia de derechos humanos permitieron desmontar hasta el último esperpento jurídico que protegía a los torturadores. Por eso no extrañó a nadie la guardia que realizaron las madres y abuelas frente a su féretro.
¿Botnia? La alianza de Kirchner con la Asamblea de Gualeguaychú estuvo entre sus sombras. Una estupidez de procedimiento de la Cancillería uruguaya hizo avanzar el acuerdo con Finlandia sin contar con el visto bueno de la CARU y pronto Uruguay quedó enredado en la política de Entre Ríos y las alianzas del kirchnerismo en un período preelectoral, y en la Rosada el corte de los puentes no le quitó el sueño a nadie en tanto ataba los piolines de la interna justicialista. Quizá las buenas condiciones de Uruguay para aprovechar el desarrollo de la hidrovía, además del crecimiento del Puerto de Montevideo en detrimento del de Buenos Aires, jugaron su parte en ese conflicto.
La clase media porteña tomó distancia del justicialismo alarmada por las buenas migas oficiales con Moyano y otros dirigentes sindicales que le generan mucha desconfianza, y apoyó a Macri, con suerte conocida. Hubo otros traspiés, pero Kirchner continuó zurciendo o metiendo la plancha -según lo requiriera el proyecto de gobierno- en el Partido Justicialista y en el Ejecutivo. En esos ámbitos habrá tironeos y ajustes en la correlación de fuerzas, y van a pasar unas semanas antes de que se sepa si Cristina Fernández mantendrá el rumbo o deberá resignar algunos de sus objetivos. Pero esa es otra historia. 
Los argentinos viven mejor, en un país que cambia, que es más independiente y más digno que antes, y parecen sentirse parte de un proyecto colectivo fuertemente emparentado con otros procesos similares en América Latina. Néstor Kirchner tuvo mucho que ver con eso.

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