El monarca francés Luis XV fue menos famoso que sus amantes -entre ellas Madame de Pompadour- y que las guerras que perdió. Su gobierno contribuyó, sin duda, a generar condiciones propicias para el derrocamiento de la monarquía, que tuvo lugar dos décadas después de que la viruela decidiera llevárselo de este mundo. Luis XV tenía una gran afición por varias ciencias de prestigio en la época, como la botánica, la medicina y la astronomía, y fue quien bautizó como “hurón de los cometas” al astrónomo Charles Messier, nacido en Francia en 1730.
El hurón es un bicho largo que los europeos utilizan para cazar conejos.
Messier nunca fue un buen cazador de conejos pero cuando tenía 14 años fue deslumbrado por el cometa C/1743 X1, que en la ocasión exhibió seis colas. Al cumplir 21 Charles abandonó el hoy inexistente Principado de Salm, donde había nacido, para establecerse en París, donde obtuvo un empleo con el astrónomo naval Joseph NicolasDelisle, quien tenía un observatorio en el Hôtel de Clugny, hoy Museo Nacional de la Edad Media , en el Barrio Latino. Delisle pensaba que el mundo ya tenía suficientes astrónomos, a pesar de lo cual Charles se las arregló para capacitarse en pocos años y comenzar a hacer sus propias observaciones. Mucho tiempo después el propio Messier sería despectivo con los jóvenes astrónomos que lo superaban en habilidades.
A causa de un error del burro arrogante de Delisle, Messier se peló por cuatro semanas -le ganó de mano el astrónomo alemán Palitzsch- en el (re)descubrimiento del cometa Halley, si bien sus propios cálculos eran correctos. Lejos de desencantarse, Charles se convirtió en un tenaz cazador de cometas y sumó 15 hacia el final de su vida, además de codescubrir otra media docena. Eso era vagamente importante en un siglo que dio a luz el motor a vapor, el telégrafo eléctrico, la soda, la guillotina y el extinguidor, y que no siempre jerarquizaba adecuadamente el conocimiento. Así le pasó a Messier. En agosto de 1758, mientras observaba la constelación de Tauro, creyó descubrir un cometa en lo que era la nebulosa del Cangrejo, producto de la explosión de una supernova que registraron astrónomos chinos en 1054. Hoy las imágenes de esa nebulosa tomadas por el Hubble le quitan el aliento a cualquiera, pero con un telescopio doméstico actual -o de un observatorio del siglo XVIII- las nebulosas y los cometas suelen verse como un punto rodeado de una nube de vapor. Messier se irritaba con la pérdida de tiempo que le suponían esas confusiones y, con el detallismo que le era característico, comenzó a relevar todos aquellos objetos celestes ajenos a su interés, es decir nebulosas, cúmulos estelares y galaxias, para poder eludirlos cada vez que alguno de ellos apareciera en el campo de su telescopio. El cúmulo globular M3 fue su primer descubrimiento de un total de 40, pero con los aportes de colegas su catálogo de “no cometas” alcanzó a 103 objetos celestes; con posterioridad a su muerte fueron agregados siete objetos.
Charles Messier no era un investigador aislado; sin embargo su vida académica parecía responder exclusivamente a la necesidad de reconocimiento y apoyos, pues eludió la totalidad de los muchos debates de su tiempo, algunos de los cuales tuvieron epicentro en Francia con protagonistas que conoció.
Messier obtuvo tardíamente el cargo de astrónomo que había tenido Delisle pero si bien la revolución no se llevó su cabeza, sí rebanó el salario que le pagaba la marina real. Durante un tiempo el viejo Charles corrió la liebre pero su situación se alivió con la llegada de Napoleón, que le impuso la Cruz de la Legión de Honor en 1806.
En un artículo publicado en 2007 en el International Comet Quarterly el astrónomo alemán Maik Meyer cuenta que Messier intentó sin éxito que le publicaran sus memorias y finalmente hizo una edición de autor. “Por difícil que pueda ser aceptarlo”, dice Meyer, “las memorias se congracian con Napoleón (1769-1821) para recibir atención y apoyo monetario”. En la primera página se lee: “Gran Cometa que apareció en ocasión del nacimiento de Napoleón el Grande, descubierto el 8 de agosto de 1769, y observado durante cuatro meses por el señor Messier”. Por si la lisonja no alcanzara para ganarse los favores del emperador, más adelante Charles Messier insiste con la coincidencia de fechas sugiriendo que el cometa preanunció el nacimiento del liliputiense emperador y otras alcahueterías que dan vergüenza ajena.
El Catálogo Messier, cuyo nombre original fue “Catalogue des Nébuleuses et des amas d'Étoiles, que l'on découvre parmi les Étoiles fixes sur l'horizon de Paris”, aún es utilizado. Todo objeto celeste cuya denominación esté precedida por la letra “M” pertenece a él. El otro gran catálogo empleado, mucho más completo que el nombrado, es el Nuevo Catálogo General (NCG), que contiene unos 8 mil objetos celestes.
Gracias a su interés por los cometas, Messier acercó a la humanidad al espacio profundo, donde cazadores de nuestro tiempo rastrean el origen del Universo. No tuvo la menor sospecha de eso, como tampoco percibió la noción de progreso que había invadido a Francia ni las promesas de la Ilustración , preanunciando un mundo mejor. Charles Messier murió en 1817. Un cráter de la Luna lleva su nombre, lo que parece más bien un justo castigo a su falta de imaginación.

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