El Departamento de Estado de Estados Unidos anunció ayer que la agrupación armada Jundallah (“soldados de Dios”) fue incluida en su lista de “organizaciones terroristas” por haber atacado objetivos civiles en Irán. Acabo de revisar la lista y no encontré a Jundallah por ningún lado, pero como homenaje a los malos periodistas decidí dar la noticia sin confirmación alguna.
Esa especie de lista de chicos malos que hace la Cancillería de Estados Unidos supone, automáticamente, la congelación de fondos de las organizaciones incluidas, así como la prohibición de sus miembros de ingresar al país, entre otras.
Jundallah es una organización armada separatista sunita que opera en la sureña provincia de Sistán y Baluchistán. Acusa al gobierno chiíta iraní de marginar a los sunitas y mantener a sus provincias en la pobreza. Como la región de Baluchistán ocupa parte de Irán y parte de Pakistán, Jundallah realizaba ataques a ambos lados de la frontera. Desde que Estados Unidos comenzó a financiarlo, el grupo tomó distancia de su aliado Al Qaeda y sus atentados se limitan a territorio iraní. Dirigentes de Jundallah capturados por fuerzas de seguridad iraníes admitieron que Estados Unidos los financiaba e incluso elegía sus objetivos militares.
El reciente gesto de Washington podría responder a sus expectativas con respecto al programa nuclear iraní, cuando está próxima una reunión del grupo P5+1, integrado por los miembros de Consejo de Seguridad de la ONU más Alemania. Sin embargo, también podría estar vinculado con transacciones de otro tipo entre ambos países, ya que Irán tiene mucha influencia en movimientos sociales, políticos y militares en Irak, que se está extendiendo a Afganistán.

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